Se ha descubierto que la relación entre lo que comemos, nuestras emociones y nuestro comportamiento es más profunda de lo que podríamos imaginar.

 

Esto sucede porque la alimentación tiene un impacto directo en nuestro sistema nervioso que está más activo. Esto puede explicar por qué algunas personas tienden a ser más aceleradas, mientras que otras son más mansas.

 

Si eres o conoces a alguna persona que muestra signos de una personalidad mayormente agresiva y confrontativa, es posible que su sistema nervioso esté mayormente activo del lado simpático.

 

En este caso, es esencial reducir el consumo de alimentos que, lo, sobre activa aún más, como carne roja, grasas saturadas, sodio y calcio. Estos alimentos pueden hacer que la persona se comporte de una manera más intensa.

 

Por otro lado, si alguien que conoces es demasiado sumiso, es probable que esté consumiendo alimentos que lo vuelven más pasivo. Alimentos como harina, arroz, papa y dulces pueden contribuir a esta pasividad.

 

La clave para resolver estos problemas radica en comprender y equilibrar el tipo de metabolismo dominante de cada individuo.

 





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